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Néstor Kohan desmonta a las nuevas derechas, la Escuela austríaca y su neofascismo: de la dictadura de Videla a Milei, pasando por Vox y la industria editorial y mediática ultraderechista

Néstor Kohan se encuentra en Chile en una serie de presentaciones de su libro «Nuevas derechas: Escuela austríaca y neofascismo». En la presentación en Santiago e viernes pasado, organizada por el Centro de Estudios Francisco Bilbao y la Agrupación Cultural José Martí (Concepción) el intelectual marxista argentino trazó la genealogía del proyecto político que hoy gobierna Argentina: una corriente que no es solo una teoría económica sino un dispositivo de poder de expansión de las derechas y la contrainsurgencia con raíces directas en las dictaduras del Cono Sur, financiado por la extrema derecha española y construido sobre la destrucción deliberada de cualquier proyecto de soberanía popular. Un libro que es también un manual para conocer al adversario que ha dado pasos sustantivos de avance en nuestra América y se ha convertido en una de las pricipales puntas de lanza de una nueva etapa de intensificación de la injerencia imperialista estadounidense en la región.


Una «microfracción» que llegó al gobierno: qué es la Escuela Austríaca y de dónde viene

El pensador argentino Néstor Kohan se encuentra en Chile en una serie de presentaciones de su libro “Nuevas derechas: Escuela austríaca y neofascismo”, y estuvimos en una de ellas, organizada por el Centro de Estudios Francisco Bilbao. 

Kohan abrió su presentación con una operación de precisión conceptual necesaria: situar a la Escuela Austríaca dentro del mapa del pensamiento económico para que el oyente sepa exactamente con qué clase de animal está tratando. La define como una «microfracción» de la escuela neoclásica, inscripta dentro de la familia ideológica más amplia del neoliberalismo, pero ubicada deliberadamente a la derecha de sus propias tradiciones —incluyendo la de Milton Friedman y la de Martínez de Hoz.

Esta localización no es un detalle menor. Kohan señala quelos exponentes actuales de esta corriente critican «por derecha» a Milton Friedman, a quien consideran insuficientemente radical en el desmantelamiento del Estado. Fue Friedrich von Hayek quien polemizó con Friedman desde esa posición más extrema, y son precisamente las disputas teóricas entre ambos las que el actual gobierno argentino encabezado por Javier Milei ha plagiado y popularizado como si fueran novedades intelectuales.

Sus fundadores originales, reconoce Kohan, eran al menos intelectuales serios. Eugen von Böhm-Bawerk dedicó años a leer El Capital para intentar refutarlo mediante la lógica, sin necesidad de recurrir a insultos ni exorcismos. Pero esa seriedad académica, sostiene el autor, es precisamente lo que le falta a la versión contemporánea de la corriente. Los exponentes actuales de la Escuela Austríaca no llegaron a las universidades ni se les publica por mérito científico, sino simplemente porque los financiaron. Kohan menciona explícitamente el papel de grandes empresas petroleras y figuras como Rockefeller en la inserción académica de Von Mises y Hayek en Inglaterra y Estados Unidos, donde inicialmente eran rechazados por ser considerados, en palabras de otros sectores de la derecha, «brutos» y carentes de rigor. Ninguno de estos intelectuales, subraya Kohan, es un «profesor suelto»: todos son financiados por intereses empresariales que no buscan la verdad académica sino la legitimación de sus intereses.

El economista ruso Nicolás Bujarin ya la había definido en su momento como «la economía política del rentista»: una construcción teórica cuyo objetivo profundo es justificar a quienes ganan dinero sin trabajar, a los «vagos y holgazanes» que viven de la renta. El barniz técnico —los tecnicismos, los manuales, las colecciones de libros— cumple una función ideológica precisa: dar apariencia científica a lo que es, en el fondo, la defensa de la desigualdad radical.

Alberto Benegas Lynch: el maestro que trabajó para la ESMA

Kohan traza la conexión directa entre la Escuela Austríaca y el terrorismo de Estado argentino. El principal referente de esta corriente en el país, Alberto Benegas Lynch —maestro ideológico del actual presidente Milei—, no era, según Kohan, solamente un economista. Era, según su propio currículum, un «teórico contrainsurgente».

Los datos son concretos: Benegas Lynch trabajó para la Escuela de Guerra del Ejército bajo la dictadura de Jorge Rafael Videla, y para el Servicio de Inteligencia de la Marina dirigido por el almirante Emilio Massera —el mismo Massera que comandaba la ESMA, el centro clandestino de detención donde fueron torturados y desaparecidos miles de argentinos. Kohan no formula esto como acusación sino como verificación documental: está en el currículum del propio Benegas Lynch.

Esta vinculación no es un accidente biográfico ni una contradicción anecdótica, y es la clave para entender la naturaleza del proyecto. La Escuela Austríaca, en su versión latinoamericana, fue una teoría que sirvió a las dictaduras. Su función contrainsurgente no era meramente militar sino estructural, esto es, proveer el marco teórico para desmantelar el Estado, destruir la soberanía económica y eliminar cualquier base material sobre la que pudiera construirse resistencia popular.

El radicalismo de los herederos actuales de Benegas Lynch, señala Kohan, va incluso más lejos que sus predecesores dictatoriales. Si José Alfredo Martínez de Hoz fue el ministro de economía de la dictadura, los exponentes actuales de esta escuela lo critican por no haber ido suficientemente lejos. El umbral de lo que se considera aceptable ha sido desplazado hacia una posición que supera en radicalismo al propio laboratorio neoliberal de la última dictadura argentina.

La red: Vox, Unión Editorial, el Círculo Militar y la Feria del Libro de Buenos Aires

Kohan describe en detalle la infraestructura que sostiene la difusión de este proyecto político. No se trata de ideas que circulan por su propio peso intelectual: es un dispositivo organizado y financiado que opera a escala continental.

El nodo editorial de esa red es Unión Editorial, una empresa española que ha publicado una colección de más de cien títulos de la Escuela Austríaca, de los cuales el 90% están dirigidos específicamente contra el marxismo. Kohan relata haber visto el stand de esta editorial en la Feria del Libro de Buenos Aires y haber preguntado directamente cómo financiaban semejante operación. La respuesta fue clara: con dinero de España. Se trata de recursos de redes vinculadas a los sectores de extrema derecha hoy expresados políticamente en Vox.

Son precisamente esos libros los que difunde el actual presidente argentino Javier Milei. Un detalle que condensa la conexión: el mandatario le regaló al Papa Francisco un ejemplar de Friedrich von Hayek editado por Unión Editorial. El mismo libro que vende Vox, en el stand que compartía espacio con el Círculo Militar Argentino antes de que este movimiento llegara al gobierno. Es un botón de muestra de la alianza entre el poder económico, la extrema derecha española y la argentina.

A esta infraestructura editorial se suma otra dimensión: una universidad privada en Guatemala, la Universidad Francisco Marroquín (UFM), contratada específicamente para producir videos y subirlos masivamente a internet, logrando que ideas que jamás habrían sobrevivido la revisión de pares académicos circulen ampliamente en el ecosistema digital. La irrupción de la inteligencia artificial, advierte Kohan, profundiza este fenómeno al consolidar y amplificar la hegemonía existente.

El mercado de órganos, la venta de niños y otras consecuencias lógicas del libre mercado absoluto

El autor argentino describe los contenidos concretos de los manuales de microeconomía que esta corriente distribuye en universidades desde hace al menos treinta años. No son exageraciones polémicas, son los contenidos literales de esos manuales.

La compraventa de órganos —riñones, corazones, hígados, ojos— es presentada en esos textos como «lo más normal del mundo», un mercado idéntico en su lógica al mercado de galletas, chocolates o limones, con cuadros estadísticos y curvas de oferta y demanda. El acceso a la salud queda reducido a capacidad de pago: «el que tiene dinero se va a poder salvar y el que no tiene dinero se muere». La pregunta sobre qué tiene de malo la venta de niños y niñas aparece formulada como un ejercicio teórico legítimo dentro de la lógica de la libertad de mercado. Cualquier limitación a estas transacciones es presentada como una interferencia inaceptable en las libertades individuales y el “libre juego del mercado”.

Kohan insiste en que esto no es caricatura sino doctrina: estas ideas no circulan como provocaciones marginales sino como economía aplicada en los programas de estudio universitario. Y señala que incluso sectores de la derecha tradicional, como el teórico liberal Isaiah Berlin, han calificado a los exponentes de esta corriente como «animales», «burros» e «ignorantes», considerándolos la fracción más «bestial» de la extrema derecha. El problema, subraya Kohan, es que esa fracción bestial e ignorante está ahora en el gobierno de la segunda economía de América del Sur, y amenaza con triunfar también en una versión similar en Colombia.

La «batalla cultural» de Gramsci apropiada por sus adversarios

Una de las operaciones ideológicas más reveladoras que Kohan analiza es la apropiación que la extrema derecha ha realizado del concepto gramsciano de «batalla cultural». La operación es tan simple como efectiva: tomar dos palabras de las más de tres mil páginas de los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci y utilizarlas para fines exactamente opuestos a los que su autor les asignó.

En manos de la extrema derecha, la «batalla cultural»funciona como un dispositivo de etiquetado y estigmatización. Cualquier sector que no se someta a sus ideas es calificado de «zurdo», «marxista», «izquierdista» o directamente «satánico». Bajo ese paraguas de «izquierdismo» agrupan actores radicalmente heterogéneos: sindicatos, pueblos originarios, diversidades sexuales, movimientos ecologistas. El actual presidente argentino llegó a afirmar en la Universidad Bar-Ilan (en la entidad sionista “Israel”) que  “«el marxismo no es simplemente una teoría económica alternativa… Se autodeclara una teoría satánica. Marx era satanista».

El objetivo concreto de esta batalla cultural, explica Kohan, es «embarrar la cancha» y «correr el arco» hacia la extrema derecha: desplazar el eje del debate público hasta el punto en que hoy sea difícil para cualquier figura de izquierda mencionar la palabra «socialismo» en un espacio público sin que se desate una reacción fabricada por este clima ideológico. Los temas antes impensables —la venta de órganos, la eliminación del Banco Central, la supresión de la moneda nacional— pasan a ser parte de la agenda discutible. El límite de lo aceptable se corre.

El «tercer proyecto»: de Rivadavia a las «repúblicas bananeras»

Para explicar la profundidad histórica de este fenómeno, Kohan introduce el concepto del «tercer proyecto», que hunde sus raíces en el Congreso de Santander y Rivadavia de 1826. Frente al proyecto bolivariano de unidad latinoamericana, existía ya entonces una corriente que se oponía a esa unidad y que, en palabras de Kohan, «jugó para el enemigo»: el proyecto de naciones coloniales, sometidas y despojadas de soberanía, funcionalmente dependientes de las potencias capitalistas externas.

Este «tercer proyecto» es, para Kohan, el antecedente histórico directo de las actuales propuestas de la Escuela Austríaca: eliminar la moneda nacional, suprimir el Banco Central, desmantelar toda capacidad de decisión económica del Estado para transferirla a las grandes empresas. La lógica es la misma que Kohan define como monroísmo: el fenómeno por el cual una potencia capitalista —Estados Unidos, en este caso— logra dominar a otros países capitalistas eliminando su autonomía. Una «república bananera» no es una metáfora: es el modelo de país al que conduce la aplicación coherente del programa de la Escuela Austríaca.

Gramsci contra la fragmentación posmodernista: reconstruir hegemonía popular

La segunda mitad de la conferencia de Kohan fue un llamado a pensar en las respuestas. Y para ello transmite la necesidad de, entre a otros, recuperar a Gramsci de manera genuina, no al Gramsci distorsionado tanto por las extremas derechas como por el posmodernismo que lo ha rebajado a sólo un pensador del campo de lo discursivo y los relatos.

El diagnóstico que Kohan formula sobre la izquierda contemporánea es severo: la herencia del posmodernismo ha dejado como legado un «culto al fragmento» que ha desarmado la capacidad de articulación política popular. El posmodernismo, nacido en Europa Occidental, predica que cada lucha social debe ser autónoma, independiente e indiferente a las demás. El resultado es que los sectores oprimidos luchan «aislados y solos», incapaces de construir un proyecto común. Esta fragmentación se profundiza en el entorno digital, donde la realidad parece existir únicamente si está en las redes sociales.

Frente a esto, Kohan recupera la propuesta gramsciana en su dimensión más compleja: la articulación de las múltiples contradicciones del sistema bajo un eje principal, reconociendo que no todas las luchas tienen la misma capacidad de unidad y aglutinación. La clase trabajadora tiene —por su lugar en la estructura social— una capacidad superior para convocar a otros sectores, una función que no es recíproca. El desafío no es ignorar la diversidad de las luchas sino organizarlas en un bloque histórico capaz de construir hegemonía: ganar consenso, persuadir, articular voluntad colectiva.

Kohan cierra con una convicción que atraviesa toda la conferencia: no se puede combatir lo que no se conoce. Estudiar seriamente al adversario —su historia, su financiamiento, sus conexiones, sus propuestas concretas— no es un ejercicio académico neutral sino una condición política necesaria para reconstruir un proyecto de poder popular que esté a la altura del momento.

Lo que gobierna Argentina hoy no es una excentricidad ni una novedad. Es la culminación de un proyecto con décadas de construcción, financiado por empresarios, difundido por editoriales de la extrema derecha española y latinoamericana, vinculado orgánicamente a las dictaduras del Cono Sur, y ahora instalado en el Estado. Conocerlo es el primer paso para derrotarlo.

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