La riqueza oculta del 0,1 por ciento más rico en guaridas mal llamadas «paraísos fiscales» supera los bienes de la mitad más pobre de la humanidad, señala informe de Oxfam

A diez años de los Panama Papers, 3,55 billones de dólares duermen en cuentas no declaradas, una cifra mayor que el PIB de Francia, equivalente al PIB sumado de los 44 países menos desarrollados. El 80 por ciento de esa riqueza está en manos del 0,1 por ciento más rico. Más de 4.100 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad, poseen menos de lo que ese 0,1 por ciento esconde. Estados Unidos, Suiza, Reino Unido (Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas), Singapur, Luxemburgo y Países Bajos son los principales facilitadores de los mal llamados «paraísos fiscales», verdaderas guaridas donde se utilizan diversos mecanismos para realizar cuantiosas evasiones tributarias ilegales en los respectivos países de origen de esas riquezas, además de operaciones de lavado de dinero, vínculos con actividades ilícitas como el narcotráfico, el tráfico de armas y el crimen organizado en general.
En vísperas del décimo aniversario de los Panama Papers, un nuevo informe de la organización internacional no gubernamental Oxfam revela que la fortuna que el 0,1 por ciento más rico del planeta esconde en paraísos fiscales es mayor que toda la riqueza combinada de la mitad más pobre de la humanidad, es decir, 4.100 millones de personas.
Lejos de desmantelarse, el entramado global de opacidad financiera sigue permitiendo que millonarios y multimillonarios evadan impuestos a una escala colosal. En 2024, los activos no declarados en paraísos fiscales alcanzaron los 3,55 billones de dólares, una cifra superior al Producto Interno Bruto de Francia y más del doble del PIB conjunto de los 44 países menos desarrollados del mundo.
Concentración extrema de la riqueza «Offshore»
La concentración es brutal. Se denomina como «riqueza offshore» a activos financieros o bienes que una persona o entidad posee en un país diferente de aquel en el que reside o tiene su sede principal. El 0,1 por ciento más rico acapara el 80 por ciento de toda la riqueza offshore no gravada, lo que equivale a 2,84 billones de dólares. El 0,01 por ciento más rico, un grupo ínfimo, controla la mitad del total, es decir, 1,77 billones de dólares.
Christian Hallum, responsable de Justicia Fiscal de Oxfam Internacional, declaró: “No es solo ingeniería contable. Es poder e impunidad. Cuando los superricos esconden billones en paraísos fiscales, se colocan por encima de las obligaciones que rigen para el resto de la sociedad. El resultado son hospitales y escuelas sin fondos, desigualdad creciente y las personas comunes financiando un sistema que enriquece a unos pocos a costa de la mayoría”.
Las consecuencias son concretas y verificables. Los gobiernos del mundo pierden entre 500.000 y 600.000 millones de dólares anuales en ingresos fiscales, según estimaciones de la OCDE y Tax Justice Network. Ese dinero no llega a escuelas, hospitales, ni sistemas de pensiones ni obras públicas. En cambio, quienes no pueden permitirse una estructura offshore asumen una mayor carga fiscal para compensar el déficit creado por estas grandes riquezas que huyen hacia estos territorios opacos, de baja tributación y alta reserva de esas informaciones financieras, el conocido «secreto bancario».
Aunque el volumen total de riqueza offshore se ha reducido marginalmente en la última década gracias a instrumentos como el Intercambio Automático de Información (AEOI), el progreso es profundamente desigual. Los países del Sur Global, que son quienes más necesitan esos recursos adicionales, están sistemáticamente excluidos de esos mecanismos, reforzando un ciclo de dependencia financiera que las propias élites de esos países contribuyen a sostener.
Los países más relevantes en permitir paraísos globales
A pesar de una leve reducción del volumen total de riqueza offshore, que aún representa el 3,2 por ciento del PIB mundial, los avances han sido desiguales. El Sur Global sigue excluido del sistema de Intercambio Automático de Información, precisamente el mecanismo que ha permitido algunos progresos, mientras que los países ricos y sus territorios dependientes mantienen las puertas abiertas.
Según el Tax Justice Network, la OCDE y el Observatorio Fiscal de la Unión Europea, los territorios más relevantes en la facilitación activa de paraísos fiscales son los siguientes.
Entre los grandes facilitadores históricos y actuales se encuentran las Islas Caimán y las Islas Vírgenes Británicas, epicentros mundiales de fondos de cobertura y empresas fantasma. Suiza, aunque ha cedido algo por presión externa, sigue siendo un refugio clave para la banca privada. Luxemburgo y Países Bajos habilitan la elusión fiscal corporativa mediante complejas estructuras fiscales. Singapur es el principal paraíso fiscal asiático para grandes fortunas. Panamá sigue activo pese a los escándalos destapados hace una década.
Un caso especialmente relevante es el de Estados Unidos, que se ha convertido en el paraíso fiscal emergente más grande del mundo. Estados como Delaware, Nevada, Wyoming o Dakota del Sur ofrecen secretismo corporativo sin compartir información automáticamente con otros países. Al no estar plenamente integrado en el sistema de Intercambio Automático de Información, Estados Unidos atrae capital evadido de todo el planeta.
Dentro de la Unión Europea, Irlanda, Malta y Chipre mantienen regímenes de baja tributación y esquemas que permiten la planificación fiscal agresiva.
El Reino Unido sigue siendo un centro financiero global, y sus territorios de ultramar y dependencias de la Corona, como Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas, Jersey, Guernsey y la Isla de Man, operan como paraísos fiscales bajo su paraguas legal.
La exclusión del Sur Global
Mientras los países ricos presionan para que el mundo en desarrollo acepte reglas fiscales globales, el sistema actual excluye a gran parte del Sur Global del intercambio automático de información. Esto significa que los gobiernos más necesitados de recursos no pueden ni siquiera identificar qué fortunas se esconden en paraísos fiscales desde sus propios países.
Diez años después de que los Panama Papers sacudieran al mundo, la arquitectura global de los paraísos fiscales no solo sigue intacta, sino que ha mutado y encontrado nuevos centros de poder, con Estados Unidos a la cabeza. Mientras los gobiernos del Norte global predican transparencia para el Sur, sus propios territorios y aliados financieros siguen siendo los grandes beneficiarios del secreto. Sin una acción internacional coordinada, vinculante y con inclusión real del Sur Global, los hospitales, escuelas y servicios públicos seguirán financiando con su ausencia la acumulación offshore de una élite cada vez más pequeña y más rica.






