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Argelia, Libia y el Sahara Occidental: trayectorias de descolonización en el Magreb a 53 años del Frente Polisario. Por Catalina Moll

Por: Catalina Noemí Moll Araya

La experiencia argelina de descolonización constituye uno de los hitos centrales del siglo XX y un punto de inflexión para la comprensión contemporánea de la autodeterminación. Tras una guerra de liberación prolongada (1954–1962), marcada por la brutalidad de la represión francesa –incluida la tortura sistemática de la población civil–, el conflicto argelino obligó a la comunidad internacional a definir con mayor precisión el alcance del derecho de los pueblos a liberarse de la dominación colonial. La Asamblea General reconoció que la sujeción a la subyugación y explotación extranjeras es incompatible con la Carta de las Naciones Unidas y con la paz mundial, afirmando que la falta de “preparación” política o económica no puede invocarse para retrasar la independencia. Los Acuerdos de Evian y el referéndum posterior consolidaron una independencia que no sólo fue política, sino también una transferencia de soberanía sobre los recursos naturales, configurando a Argelia como referencia obligada de las luchas anticoloniales en África y en el Sur Global.

Libia ofrece un trayecto distinto, pero igualmente ilustrativo de las ambivalencias de la descolonización. Independizada en 1951 mediante resolución de la Asamblea General, su formación estatal temprana estuvo marcada por la fragilidad institucional derivada de la unificación de regiones con identidades políticas diversas. La posterior Jamahiriya impulsada por Gaddafi se propuso como una modernidad alternativa, que rechazaba simultáneamente el parlamentarismo liberal y el socialismo de Estado de estilo soviético, articulando islam, estructuras tribales y socialismo comunitario en un proyecto de “poder de las masas”. La nacionalización del petróleo, la banca y el comercio exterior, así como las políticas de vivienda y alfabetización, hicieron de Libia un laboratorio de desarrollo no alineado con los modelos occidentales hegemónicos. Sin embargo, la centralización autoritaria, la dependencia de la renta petrolera y la instrumentalización del discurso antiimperialista socavaron desde dentro la promesa de una democracia directa genuina. La intervención de la OTAN en 2011 y la subsecuente fragmentación entre gobiernos rivales y milicias armadas evidencian cómo la soberanía formal puede ser rápidamente erosionada por lógicas geopolíticas y económicas que reinstalan al país en relaciones de dependencia y conflictividad estructural.

En contraste con estos procesos, el Sahara Occidental encarna la figura de una descolonización inacabada en el corazón del Magreb. El territorio, identificado por la ONU como no autónomo desde 1963, debía transitar hacia la autodeterminación mediante un referéndum acordado con la antigua potencia administradora. La opinión consultiva de la CIJ de 1975 descartó las pretensiones de soberanía de Marruecos y Mauritania y reafirmó que el pueblo saharaui es el sujeto titular del derecho a decidir su futuro político. Sin embargo, los Acuerdos de Madrid y la posterior ocupación marroquí consolidaron sobre el terreno una realidad de fragmentación territorial, desplazamientos forzados, campamentos de refugiados y explotación de recursos naturales –fosfatos, pesca, energía– en beneficio de la potencia ocupante y de actores externos. La larga trayectoria del Frente Polisario, que cumple 53 años como movimiento de liberación nacional articulando lucha armada, diplomática y construcción institucional de la República Árabe Saharaui Democrática, demuestra la persistencia de una reivindicación de autodeterminación que ni la represión ni la inercia internacional han logrado apagar.

La comparación entre estos tres casos permite observar cómo el principio de libre determinación puede traducirse en resultados muy distintos dependiendo de la correlación de fuerzas y de la configuración del sistema internacional. Argelia representa un ejemplo de descolonización lograda, aunque sometida a tensiones propias de la construcción estatal postcolonial; Libia encarna una descolonización temprana que devino en un experimento de modernidad alternativa luego desarticulado por dinámicas internas y externas; el Sahara Occidental, en cambio, permanece en un limbo jurídico y político donde la descolonización fue iniciada pero no culminada. A 53 años de la fundación del Frente Polisario, la persistencia de la ocupación y el bloqueo del referéndum interpelan no sólo a la región del Magreb, sino al conjunto del orden internacional, mostrando que la descolonización africana sigue siendo un proceso inacabado y que la autodeterminación, pese a su jerarquía normativa, continúa subordinada a intereses geopolíticos y económicos que reproducen jerarquías coloniales bajo formas nuevas.

Catalina Noemí Moll Araya. Alumna de pregrado de RRII de la USACH. Practicante profesional en la Fundación Constituyente XXI


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