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Una historia de los ensayos con Psilocibina y LSD en los hospitales psiquiátricos de América Latina: Periodista e historiador Mauricio Becerra presenta seminario sobre investigación de psicoactivos

Dado el renovado interés por la Psilocibina en psicoterapéutica el historiador y periodista, Mauricio Becerra, presentará un seminario sobre los ensayos con psicodélicos en América latina realizados por psiquiatras y psicoanalistas desde la década de 1950, determinando sus usos terapéuticos y los límites que se impusieron a la investigación sobre psicoactivos. Además conversamos con el investigador sobre la actual guerra a las drogas promovida por Estados Unidos y la necesidad de que las banderas del antiprohibicionismo sean retomadas en la discusión pública.


¿Sabías que el primer experimento con LSD fue realizado en el Hospital Psiquiátrico de Santiago? Fue en 1952 y abrió más de una década de ensayos con psicodélicos como la Psilocibina y la ayahuasca, un desconocido capítulo en la historia de la psiquiatría continental.

Desde la década de 1950 psiquiatras de distintos países de América latina experimentaron con sustancias psicodélicas como el LSD-25, la mescalina, la Psilocibina y la ayahuasca en autoensayos y con pacientes asilares para comprobar sus efectos psicofarmacológicos y sus potencialidades terapéuticas.

Es un tema que lleva años investigando el periodista e historiador Mauricio Becerra Rebolledo, quien tras especializarse en política de drogas en América latina estudió un Máster en Historia de las Ciencias de la Salud en Fiocruz (Rio de Janeiro) y, posteriormente, un doctorado en Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Barcelona. Su tesis doctoral fue dedicada a la psiquiatría experimental en Perú desenvolvida por el farmacólogo y psiquiatra Carlos Gutiérrez Noriega, quien en la primera mitad del siglo XX se afanó en producir distintos cuadros de patologías experimentales en insectos, artrópodos, perros y gatos. Produjo así catalepsias, catatonias y epilepsias experimentales con sustancias como la bulbocapnina, el floripondio, el Cardiazol y la cocaína.

El psiquiatra peruano acabó reportando en 1947 el primer estudio en el campo de la psicopatología con el cactus San Pedro, cuando ensayó con un extracto de dicha especie dado a un estudiante de medicina y respecto del cual describió un cuadro de ‘psicosis experimental’. Según comenta Becerra, dicho encuadramiento ha dominado la comprensión en el campo de la salud mental de los efectos de los psicodélicos, restringiendo con ello investigaciones y que sean incluidos en el arsenal terapéutico de la psicofarmacología.

¿Cuál es la importancia de conocer la historia de los experimentos con sustancias como la Psilocibina o el LSD para las prácticas terapéuticas actuales?

– En el contexto actual de un renovado interés en el campo de la biomedicina por sustancias como la Psilocibina, resulta importante comprender el por qué sustancias como la mescalina, el LSD-25 y la misma Psilocibina fueron encuadrados como productores de cuadros de psicosis. Esto determinó la inclusión de estas sustancias en el Listado 1 de drogas prohibidas por Naciones Unidas, lo que está aún vigente.

Para comprender tal encuadramiento hay que conocer la historia de por qué los psiquiatras determinaron que dichas sustancias provocan cuadros psicóticos. Esto es posible al examinar el mapa de los primeros ensayos realizados en América Latina con LSD-25 primeramente, y a partir de la década de 1960, con Psilocibina y, en algunos grupos de estudio, fundamentalmente peruanos y ecuatorianos, se realizaron experimentos con ayahuasca y harmalina.

En los últimos años me he dedicado a levantar el mapa de dichos ensayos, lo que permite determinar los fundamentos epistemológicos que los guiaron, los modelos teóricos que determinaron los protocolos experimentales y, lo que hoy puede resultar de mayor interés, sus usos terapéuticos. Pero lo que más importante creo es determinar las razones por las cuales fueron deslegitimadas dichas cualidades.

El químico suizo Albert Hofmann, quien sintetizó por primera vez el LSD.

Y ¿qué has sacado en cuenta hasta el momento?

– Luego de buscar los experimentos reportados con psicodélicos, o psicomiméticos como los llamaban en ese entonces, además del mapa que he ido armando respecto de qué psiquiatras los usaban y con qué expectativas terapéuticas, se puede constatar que los experimentos con LSD-25 despertaron el interés de varios psiquiatras connotados en cada país, quienes realizaron autoensayos, recurrieron a voluntarios y estudiantes de medicina, además de usar a pacientes de hospitales psiquiátricos. Ahora, como he dado tiempo para que madure esta investigación lleva a preguntarse por qué estos psiquiatras decían que con estas sustancias se producían ‘psicosis experimentales’.

Para comprender esto hay que seguir la historia de la psiquiatría experimental, que desde la década de 1930 venía realizando experimentos para producir distintos cuadros psicopatológicos con sustancias como la bulbocapnina o el Cardiazol y así dar fundamentos orgánicos a la enfermedad mental. Si tenías psiquiatras que venían haciendo ensayos que producían cuadros de catalepsias experimentales, luego catatonias experimentales, seguidas de convulsiones experimentales producidas primero con la insulinoterapia de Sakel y posteriormente por el Cardiazol, resulta lógico que el eslabón siguiente en esta rutina de experimentos es buscar sustancias provocadoras de psicosis. En este contexto es que cuando aparece en un laboratorio de Basilea el LSD-25, situación que determinó que los mismos colectivos de psiquiatras que realizaban estos experimentos creyeron ver en los efectos observados en quienes ingirieron LSD o Psilocibina cuadros de verdaderas ‘psicosis artificiales’.

De la pregunta respecto de qué efectos producen estas sustancias de manera objetivada, pasamos a preguntarnos respecto de qué esperaban encontrar en sus ensayos los psiquiatras que realizaban dichos experimentos y qué cuadros patológicos esperaban ver. Para un psiquiatra de mediados de la década de 1950, no es lo mismo decir que provocaba una catalepsia o catatonia experimental que una psicosis. Se debe entender que para la psiquiatría la psicosis es el núcleo irreductible de la locura. La presencia de una psicosis es el principal síntoma de haber perdido el juicio. De esta forma, los cambios perceptivos, sobre todo en la esfera visual, producidas por el LSD-25 ante los ojos de unos psiquiatras de mediados del siglo XX, en plena Guerra Fría, perfectamente encuadraban con un estado de lo que consideraban síntomas de locura. De ahí viene dicho encuadramiento.

No en vano luego de producir psicosis experimentales con estas sustancias, aparece el primer bloqueador de dichos estados: la Carbamazepina, el primer neuroléptico que abrió camino a la psicofarmacología contemporánea.

CONTINUIDAD DE LAS POLÍTICAS DE DROGAS CON BORIC Y KAST

¿Cómo ves actualmente la situación de la política de drogas a nivel de nuestro país con el inicio del gobierno de José Kast? ¿Qué tanto hay de continuidad o de cambio?

– El endurecimiento de la ley de drogas que está promoviendo el gobierno de Kast no es más que el refuerzo de la fracasada política de drogas, que lamentablemente el gobierno progresista anterior no fue capaz de discutir. Como en varios otros ámbitos, los anhelos de un cambio en las políticas de drogas por legislaciones realistas, eficaces y que respeten los derechos humanos dejaron de ser parte de la agenda de la izquierda chilena. Con Kast asistimos a un recrudecimiento de la aplicación penal, algo que el progresismo y la izquierda chilena dejó de cuestionar.

¿Cómo ves el escenario en América Latina y la relación de ese escenario con la “doctrina Monroe corolario Trump”?

– El bombardeo de lanchas de pescadores que supuestamente llevan cargamentos de drogas por fuera de los marcos de la ley así como la acusación al secuestrado presidente de Venezuela respecto de que dirigía un cartel de drogas, tesis que se cayó el mismo día de la intervención norteamericana, dan cuenta que mantener la guerra a las drogas es parte ineludible de la política exterior de Estados Unidos en la región. Me llama la atención la incapacidad de los gobiernos de izquierda de tensionar esta narrativa. El último intento fue hace más de diez años, cuando el ex-presidente boliviano, Evo Morales, emprendió una campaña mundial para sacar a la hoja de coca del listado Nº 1 de sustancias prohibidas. A la fecha, los gobiernos de izquierda de la región se han limitado a reproducir las fracasadas políticas de drogas, sin ofrecer un gran cambio pese al fracaso y la evidencia de que el prohibicionismo sólo ha fortalecido el narcotráfico.

Y respecto de Chile ¿cómo vamos?

– Creo que la ausencia de una reflexión sobre política de drogas en los partidos de izquierda los ha mantenido en calidad de reproductores de una fracasada estrategia de prohibición, cuyo saldo ha sido fomentar el crecimiento de un mercado irregular en manos del narcotráfico. No ha habido propuestas ni siquiera de despenalización del cannabis, represión que afecta principalmente a la clase trabajadora y racializada en varios de nuestros países. La izquierda chilena ha sido timorata y es incapaz de asumir la bandera de la despenalización del cannabis recreativo. De seguro dicha bandera reencantaría a amplios sectores de jóvenes y populares con una izquierda y un progresismo que en el caso de Chile quedó sin horizonte un brújula tras la derrota a manos de la extrema derecha. La izquierda chilena no se ha sentado a reflexionar sobre el real sentido de la fracasada guerra a las drogas. Ante tal panorama, no veo gran apertura para iniciar la discusión respecto del régimen de sustancias como la mescalina, el LSD o la Psilocibina.

* El Seminario los psicodélicos en la práctica psiquiátrica – perspectiva histórica será realizado este próximo Sábado 13 de Junio de 2026 a las 12 horas vía on line.

Inscripciones con hernandez.mariela@gmail.com

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