Gobierno de la República Popular China publica documento sobre su política de cooperación integral con América Latina y el Caribe
El Gobierno de la República Popular China ha presentado un documento de política integral dirigido a América Latina y el Caribe, delineando una visión ambiciosa para fortalecer la relación bilateral en las próximas décadas. Este marco estratégico, estructurado en cinco programas centrales —Solidaridad, Desarrollo, Civilizaciones, Paz y Pueblos—, busca la construcción de una «comunidad de futuro compartido» y se enmarca explícitamente dentro de las iniciativas globales impulsadas por China. El documento, que es el tercero en su tipo tras los anteriores de 2008 y 2016 posiciona a América Latina y el Caribe como un socio crucial dentro del Sur Global y muestra un notorio contraste con la política de «Seguridad Nacional» del gobierno de Estados Unidos y el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe publicada esta semana.
Un nuevo documento de la Política de China hacia América Latina y el Caribe fue publicado este miércoles 10 de diciembre, siendo el tercer documento tras los textos de 2008 y 2016 (Documento íntegro, disponible acá). Este nuevo documento oficial confirma la voluntad del gigante asiático de elevar la relación con la región a una «nueva altura» mediante proyectos que abarcan numerosas materias, como comercio, energía limpia, telecomunicaciones, financiamiento, salud, agricultura, educación y multilateralismo activo, en un claro contraste con el «corolario Trump» de la Doctrina Monroe, revelado el fin de semana por el gobierno de Estados Unidos, que acrecienta la política de carácter injerencista, imperial y neocolonial que históricamente ha desarrollado el gobierno estadounidense en la región latinoamericana y el Caribe.
La presencia económica y estratégica de China en América Latina hoy
Los datos oficiales de la CEPAL confirman el peso determinante de China en la economía latinoamericana. En 2023, el comercio bilateral alcanzó los 495 mil millones de dólares, mientras que la inversión directa acumulada supera los 160 mil millones en las últimas dos décadas. Más de 3.500 empresas chinas operan hoy en la región, consolidando a China como el principal socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, y el segundo para América Latina en su conjunto («China confirma estrategia de cooperación integral con América Latina y el Caribe», teleSUR).
Esta relación económica se traduce en una presencia estructural profunda. En sectores clave como telecomunicaciones, energía e infraestructura, la participación china es decisiva. Compañías como Huawei y ZTE despliegan redes de comunicación en más de veinte países, mientras que, en 2024, el 57% de la inversión energética exterior de China se destinó a proyectos solares y eólicos en la región, principalmente en Brasil, Argentina, Chile, Cuba y el Caribe.
El impacto va más allá de las cifras, materializándose en obras que transforman la geografía económica continental: ferrocarriles, corredores bioceánicos, puertos y sistemas logísticos diseñados para articular el comercio regional con Asia. Adicionalmente, la cooperación se extiende a áreas de alta sensibilidad estratégica como ciencia, tecnología y salud —con laboratorios conjuntos en Brasil y Chile— y, en una cuestión referencial de los últimos años, el suministro de más de 410 millones de dosis de vacunas durante la pandemia.
Un modelo de cooperación que contrasta con la historia regional de injerencia colonial de Europa y Estados Unidos
Beijing presenta su acercamiento como un paradigma alternativo, guiado por los principios de no intervención, respeto a la soberanía y defensa del multilateralismo. Este discurso se acompaña de un rechazo explícito a las sanciones unilaterales, con menciones de apoyo a Cuba, Venezuela y Nicaragua, y un activo respaldo a mecanismos de diálogo regional como la CELAC, a los que ve como pilares para un orden internacional «más equilibrado».
El modelo financiero chino marca una diferencia palpable: desde 2005, bancos de desarrollo chinos han otorgado más de 137 mil millones de dólares en créditos a la región, sin vincularlos tradicionalmente a programas de ajuste estructural. Este enfoque, sumado al volumen comercial, ha alterado patrones históricos de dependencia. Brasil, Perú y Chile exportan más de un tercio de su producción a China, y Uruguay avanza hacia un tratado de libre comercio bilateral, reduciendo en varios casos la primacía comercial de Estados Unidos.
Así, la huella china en América Latina y el Caribe es hoy ya multidimensional:
- Infraestructura: Participación en más de 70 proyectos energéticos, administración o modernización de 26 puertos, y contribución a más de 40 proyectos ferroviarios, como el Ferrocarril Central de Uruguay y los metros de Santiago y Ciudad de México.
- Seguridad y Defensa: Cooperación en programas logísticos, policiales, de tecnología aplicada a la seguridad civil, y acuerdos de intercambio marítimo para el fortalecimiento de capacidades.
- Diplomacia: El establecimiento de «asociaciones estratégicas integrales» con países clave como Brasil, Argentina, México, Chile, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba ha institucionalizado una coordinación política, tecnológica y financiera sin precedentes.
Con su nueva hoja de ruta política, Beijing enmarca a América Latina y el Caribe dentro de su visión de un escenario global en transformación. La región es conceptualizada no como un espacio de competencia geopolítica, sino como un socio estratégico fundamental dentro del Sur Global. La relación se propone como un motor para la multipolaridad, la integración regional autónoma y la cooperación Sur-Sur, ofreciéndose explícitamente como una superación de la «lógica de tutelaje y dominación» que, según señala, históricamente ha caracterizado a las relaciones hemisféricas. Para China, el futuro de la región es indisociable de un modelo de desarrollo pacífico y soberano que ambos actores pretenden construir de manera conjunta.
El Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe
A continuación, se desglosan los pilares, mecanismos y principios que conforman esta propuesta de cooperación.
Los Cinco Programas: Una arquitectura para una asociación integral
China propone impulsar, de manera conjunta con los países de ALC, los siguientes cinco programas interdependientes:
- Programa de la Solidaridad: Enfocado en la coordinación política y la confianza estratégica. Incluye el fortalecimiento de intercambios de alto nivel, el apoyo mutuo en temas de soberanía e integridad territorial (con mención explícita al principio de «una sola China»), y la perfección de mecanismos de diálogo intergubernamentales. Además, busca implementar la Iniciativa para la Gobernanza Global (IGG) para reformar el sistema económico internacional y aumentar la representatividad del Sur Global en foros como el G20, el FMI y el Banco Mundial.
- Programa del Desarrollo: Constituye el eje económico de la asociación. Busca profundizar la cooperación bajo la Iniciativa para el Desarrollo Global (IDG) y la construcción conjunta de la Franja y la Ruta (BRI). Sus áreas de acción abarcan desde el comercio y la inversión (con énfasis en acuerdos de libre comercio y protección de inversiones), hasta la cooperación financiera (liquidaciones en moneda local, bonos panda), infraestructura (tradicional y digital), energía (limpia y tradicional) y cadenas de suministro industriales.
- Programa de las Civilizaciones: Diseñado para cimentar la base social de la relación mediante el intercambio cultural y el diálogo entre civilizaciones. Incluye la implementación de la Iniciativa para la Civilización Global (ICG), el fomento de intercambios artísticos y educativos, y la cooperación en la protección del patrimonio cultural, incluyendo la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales.
- Programa de la Paz: Dirigido a la estabilidad regional y global mediante la implementación de la Iniciativa para la Seguridad Global (ISG). Comprende cooperación militar (ejercicios, operaciones de paz), en aplicación de la ley (extradición, asistencia judicial), ciberseguridad y no proliferación.
- Programa de los Pueblos: Centrado en el bienestar social y los vínculos interpersonales. Aborda la cooperación en reducción de la pobreza, salud, turismo y diplomacia consular, además de promover intercambios a nivel subnacional, entre jóvenes, mujeres y mediante el hermanamiento de ciudades.
Mecanismos clave para profundizar la Cooperación y la Interdependencia
Para materializar estos programas, el documento detalla una serie de iniciativas y mecanismos concretos que buscan entrelazar los destinos de China y América Latina y el Caribe:
- En el ámbito político: Se priorizan los intercambios de alto nivel, el apoyo mutuo en foros internacionales y el fortalecimiento del Foro China-CELAC (FCC) como plataforma central de diálogo colectivo, con la posibilidad de una futura cumbre de líderes.
- En el ámbito económico y de desarrollo: Se impulsa la adhesión de más países de América Latina y el Caribe a la Franja y la Ruta, la negociación de tratados de libre comercio, la facilitación de inversiones chinas en sectores estratégicos y la promoción del uso de monedas locales en el comercio y las finanzas para mitigar riesgos externos.
- En el ámbito de seguridad y gobernanza: Se propone una cooperación práctica en defensa y seguridad cibernética, junto con una coordinación estrecha para promover una arquitectura de gobernanza global «más justa y equitativa», alineada con las visiones del Sur Global.
Principios Rectores de la Cooperación
La propuesta china se sustenta en un conjunto de principios declarados que buscan diferenciar su enfoque:
- Igualdad y respeto mutuo: Se enfatiza el «trato en pie de igualdad», la «independencia» y la «no intervención en los asuntos internos».
- Beneficio mutuo y ganancias compartidas: La cooperación se presenta como una vía para el «desarrollo conjunto», impulsada por el «protagonismo de las empresas» y las «reglas de mercado».
- Apertura e inclusión: Se destaca que las iniciativas, incluido el Foro China-CELAC, están abiertas a todos los países de la región.
- No condicionalidad: China afirma que su asistencia para el desarrollo se ofrece «sin condiciones políticas», y que la cooperación tripartita debe ser «propuesta, consentida y protagonizada» por los países de América Latina y el Caribe.
De este modo, el documento representa la hoja de ruta más comprehensiva e integral publicada por China para su relación con América Latina y el Caribe en la última década. Al integrar la cooperación bilateral dentro de sus marcos de política global (IGG, IDG, ISG, ICG) y ofrecer una amplia gama de herramientas de cooperación —desde financiamiento para infraestructura hasta diálogo entre civilizaciones—, Beijing plantea una asociación de largo alcance. La efectiva implementación de esta agenda y la respuesta de los diversos actores latinoamericanos y caribeños definirán el ritmo y la profundidad con la que se construya esta propuesta «comunidad de futuro compartido».






