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Burkina Faso reescribe su historia: del «explorador» al «invasor» para descolonizar la escuela

El 7 de septiembre de 2026, el ministro de Enseñanza Secundaria de Burkina Faso, Moumouni Zoungrana, anunció una revisión profunda de los programas de historia, geografía e instrucción cívica en los colegios e institutos del país. La medida no se limita a un ajuste curricular: busca desmontar el relato heredado de la época colonial y sustituirlo por una lectura en clave local y africana. Las autoridades han calificado la iniciativa como una «descolonización de los saberes», y su aplicación está prevista para el inicio del próximo curso escolar.

El detonante de la reforma es el vocabulario. Zoungrana denunció que los manuales actuales emplean términos que «infantilizan» y «animalizan» a los africanos al narrar su propia historia. Su crítica más citada apunta a la forma en que se designa a los europeos que llegaron al continente: «A quienes vinieron a conquistar África se les llama exploradores, conquistadores. ¿Eran conquistadores? Eran espías. […] Eran invasores». Para el ministro, esa terminología no es neutra: legitima la dominación y presenta la colonización como una epopeya en lugar de una ocupación violenta.

La reforma no se queda en el léxico. El ministerio ha anunciado la elaboración de un livret —un cuadernillo guía— que recogerá las expresiones a proscribir, los capítulos que deben eliminarse y los que deben incorporarse. Este documento se distribuirá a los docentes de secundaria desde la rentrée, antes de que se produzcan los nuevos manuales. El objetivo es que los profesores dispongan de un instrumento operativo para aplicar los cambios en el aula sin esperar a la edición de materiales definitivos.

El discurso que acompaña a la medida es explícitamente rupturista. Zoungrana ha llamado a «curar el sistema educativo de sus suciedades» en referencia a los vestigios coloniales, y ha instado a la comunidad educativa a «renverser la table» —darle la vuelta a la mesa— frente a un modelo que considera agotado. Su perfil refuerza esa orientación: es profesor de literatura oral y culturas africanas en la Universidad Joseph Ki-Zerbo, y dedicó su tesis doctoral a la contribución de los textos orales moose a la formación escolar.

El contexto político es inseparable de la reforma. Burkina Faso vive desde 2022 bajo un gobierno militar encabezado por Ibrahim Traoré que ha impulsado una retórica de soberanía y ruptura con Francia. En septiembre de 2026, el propio Traoré pidió reorientar el sistema educativo hacia las filas científicas para reducir la dependencia técnica del exterior. La revisión de los programas de historia encaja en esa agenda más amplia: no solo se trata de enseñar de otra manera, sino de construir un relato nacional que sustente el proyecto político de la junta.

La iniciativa burkinabè no es un caso aislado. En Malí, los Estados Generales de la Educación (2023-2024) produjeron 280 recomendaciones, entre ellas una revisión integral de los currículos para incorporar la historia maliense y africana, y la Constitución de 2023 elevó trece lenguas nacionales a rango oficial. En Níger, el curso 2024-2025 se inauguró bajo el lema «Soberanía y ciudadanía recuperadas», con refuerzo de la educación cívica y moral. Los tres países, unidos en la Alianza de Estados del Sahel (AES), comparten una agenda de descolonización educativa que trasciende fronteras.

El debate, sin embargo, no nació con estas reformas. Ya en la Conferencia de Addis Abeba de 1961, los líderes africanos postindependencia afirmaron que la educación debía ser un motor de desarrollo y no una réplica del modelo metropolitano. En el caso de Burkina Faso, los programas de historia y geografía fueron «africanizados» superficialmente en 1962, sin una reestructuración de fondo. Más de seis décadas después, la crítica a un currículo «desconectado de las realidades locales» sigue vigente: en un análisis de los programas de primaria, apenas el 45% de las lecciones de historia trataban sobre Burkina Faso.

El éxito de la reforma dependerá de factores que escapan al anuncio. La producción de nuevos manuales lleva tiempo, y el livret de transición es un paliativo provisional. La formación docente será decisiva: cambiar el vocabulario en los textos no garantiza que los profesores repliquen el enfoque en clase, especialmente en un país con grandes carencias de infraestructura educativa y con una parte del territorio bajo presión de grupos armados. Además, el relato localista plantea una pregunta abierta: cómo integrar la historia nacional y africana con una comprensión del mundo que no renuncie a la complejidad ni a las conexiones globales. La apuesta de Uagadugú es, en todo caso, una de las más audaces del continente por devolver a la escuela la tarea de contar la historia desde dentro.

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