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La Nacionalización del Petróleo en Irán de 1951 del gobierno de Mohammad Mossadegh y el golpismo imperial de EEUU y Reino Unido de la «Operación Ajax»

El 20 de marzo de 1951, el gobierno laico, nacionalista y progresista de Irán, encabezado por el democratámente elegido Mohammad Mossadegh, nacionalizó la industria petrolera iraní. Mossadegh había llegado al poder tras las elecciones parlamentarias de ese mismo año y propuso al parlamento la expulsión de la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC), de capital británico, y la recuperación de los recursos nacionales. La medida fue aprobada con un apoyo masivo de todos los parlamentarios, reflejando un amplio consenso popular contra el control extranjero.

Para el imperialismo británico y estadounidense, Mossadegh pasó automáticamente a ser un peligroso comunista y un dictador al que había que poner freno. Bajo el pretexto de llevar la «democracia» a Irán, el verdadero objetivo era revertir la nacionalización y volver a saquear su petróleo. Solo dos años después, Estados Unidos y el Reino Unido orquestaron un golpe de Estado para derrocarlo, conocido como «Operación Ajax» (en Estados Unidos) y «Operación Boot» (en el Reino Unido).

Imagen del proceso de nacionalización del petróleo de Irán. Fuente: HispanTV (Irán)

Los imperialistas desplegaron una batería de medidas coercitivas incluso antes del golpe. Llegaron a prohibir a Irán vender su propio petróleo, amenazando con enviar a su Armada —igual que hoy— para bloquear las exportaciones. Los británicos impugnaron la nacionalización ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Winston Churchill ordenó retirar a todos los técnicos británicos de la refinería de Abadan, movilizó a los militares y envió buques de guerra para bloquear sus instalaciones. También impuso duras sanciones económicas que prohibieron la exportación de productos esenciales como azúcar y acero, e incluso impidió a Irán acceder a sus propias reservas depositadas en bancos británicos, consumando así el robo de las reservas internacionales iraníes.

Continuando su plan de nacionalizaciones, a finales de 1952 Mossadegh extendió la medida al servicio telefónico y a la actividad pesquera, reforzando su postura antiimperialista. En ese contexto, su gobierno buscó acercarse a la Unión Soviética para contrarrestar el bloqueo occidental, un movimiento que los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses consideraron la gota que colmó el vaso.

Para principios de 1953, la agresión contra Irán ya se estaba gestando. El presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, y el primer ministro británico, Winston Churchill, acordaron ejecutar un golpe de Estado conjunto. Según documentos desclasificados de la CIA y el MI6, los agentes trabajaron arduamente para derrocar a Mossadegh mediante una campaña de sobornos masivos y desestabilización. El oficial del MI6 Norman Derbyshire admitió posteriormente que Reino Unido gastó más de 2 millones de libras (equivalentes a decenas de millones actuales) en pagar a falsos manifestantes «indignados», movilizando campesinos del campo a cambio de dinero y contratando agitadores profesionales para simular un rechazo popular hacia Mossadegh.

El golpe se consumó el 19 de agosto de 1953. De acuerdo con los registros desclasificados de la CIA, la agencia contrató a los mafiosos más temidos de Irán, incluyendo matones, proxenetas y narcotraficantes, para organizar brutales disturbios. Mercenarios pagados fueron trasladados en autobuses y camiones a Teherán, donde estos falsos manifestantes se apoderaron de las calles, mataron a cientos de policías, prendieron fuego a la residencia de Mossadegh y persiguieron a todos los simpatizantes del gobierno legítimo, dejando más de 300 muertos en un solo día.

Con el golpe exitoso, los imperialistas instalaron en el poder al sha Mohammad Reza Pahleví (padre de Reza Pahlevi), quien gobernó como dictador títere durante casi 40 años. Inmediatamente, el petróleo iraní fue repartido entre las potencias occidentales en un nuevo consorcio:

  • 40% para la Anglo-Iranian Oil Company (británica).
  • 40% para cinco empresas estadounidenses: Gulf Oil, Standard Oil of California, Standard Oil of New Jersey, Standard Oil of New York y Texaco.
  • 14% para Royal Dutch Shell (holandesa/británica).
  • 6% para la Compagnie Française des Pétroles (francesa).

Este largo periodo de saqueo imperialista y sujeción colonial fue precisamente el que terminó con la Revolución Islámica de 1979, cuyo gobierno y Constitución perduran hasta hoy como resultado del rechazo popular a décadas de intervención extranjera. Hoy en día, lo que se llama como la «oposición» iraní en otros países, apoyada y financiada por las potencias occidentales, ha vuelto a levantar al representante de la dinastía Pahleví, Reza Pahlavi, y la bandera tricolor iraní junto con el león que simboliza el período monárquico y el apoyo hasta el día de hoy a la tradición que en su momento representó el Sha y su última etapa impuesta por los regímenes imperiales de Estados Unidos y el Reino Unido.


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